«Con este sueldo,
¿dónde vivo?»
Compartir por obligación. Alejarte para pagar menos. Ahorrar para un hogar que parece moverse un poco más lejos cada año.
PARA QUIEN ALGUNA VEZ HA DICHO «NO ME DA LA VIDA»
Pagas el alquiler. Cumples en el trabajo. Y lo que querías hacer con tu vida queda para «cuando tenga tiempo». Soy Ossama, programador. Estoy buscando con quién construir otra posibilidad en los pueblos de España.
Una propuesta abierta. Todavía no hay un pueblo elegido.
Abres un anuncio de alquiler. Haces cuentas. Cierras la pestaña. En el grupo de amigos alguien propone quedar: «Esta semana imposible. A ver la siguiente».
Terminas el día mirando vidas en una pantalla porque ya no te quedan fuerzas para la tuya. A mí me empezó a pasar. Y lo que me daba miedo era acostumbrarme.
Compartir por obligación. Alejarte para pagar menos. Ahorrar para un hogar que parece moverse un poco más lejos cada año.
Trabajo, metro, compra, cena. El deporte, el proyecto propio y las ganas de hacer algo acaban negociando por la misma hora libre.
Esperar una consulta, cuadrar horarios, acompañar a tu madre. Tener servicios cerca ayuda; conseguir atención y tiempo para cuidarse también importa.
Quieres a tu gente. Pero entre sus horarios y los tuyos pasan semanas. Y estar siempre conectado no se parece tanto a estar acompañado.
Hay gente buscando un lugar para vivir.
Y pueblos buscando gente para seguir vivos.
Ahí empezó mi pregunta: ¿qué podríamos construir si nos encontráramos?
Imagina el primer día en ese pueblo ↓02 / LA RESPUESTA EN MARCHA
Antonio lo sabe. Carmen conoce la tierra. Tú podrías traer lo que falta. Recorre esta historia imaginada y mira cómo cambia el mismo pueblo cuando empiezan a trabajar juntos.
Ir directamente a la propuesta ↓
RAÍZ VIVA UN FUTURO POSIBLEUn futuro que se construye paso a paso.
01 / Las puertas que se cerraron
Carmen sale al huerto. Pilar cruza la plaza. Entre los tres sostienen lo que queda, pero otra ventana acaba de cerrarse. Menos vecinos significa menos manos para hacer lo mismo. Al otro lado de esa puerta hay una casa. Y alguien, en alguna ciudad, está buscando un hogar.
Antonio saca la llave. Una arquitecta mide; un electricista revisa los cables. Se sientan con los vecinos, hacen cuentas y acuerdan por dónde empezar. Con los permisos resueltos, llega la primera jornada de obra. Una hilada de ladrillos. Después otra. La persiana todavía no se abre, pero ya hay alguien trabajando dentro.
Carmen explica dónde se encharca la tierra. La recién llegada toma notas para ajustar el riego. En el taller, un carpintero enseña a reparar la puerta. Ahora que la casa está habitable, aparecen las primeras rutinas. Un balón cruza la plaza. El perro sale detrás. Hay voces que antes no se oían.
La persona que las cargaba supervisa el traslado. Carmen consulta el sensor antes de regar. Han instalado paneles solares y prueban un dron para observar el cultivo donde su uso está permitido. Alguien del taller sabe mantener los equipos. La tecnología empieza a tener sentido cuando una espalda descansa y el trabajo sigue saliendo.
Pilar sale del consultorio. El taller recoge por hoy. Los niños siguen con el balón y alguien acerca otra silla a la mesa. Antonio y Carmen están allí, con sus nuevos vecinos. Para sostener esa consulta y esas casas harán falta ingresos y acuerdos. Pero ahora hay más personas dispuestas a cuidarlos. ¿Qué estarías haciendo tú?
Antonio, Carmen y Pilar son personajes de una historia imaginada, no testimonios. Para llevarla a un pueblo real harían falta vivienda habitable, ingresos, sanidad, transporte y acuerdos con quienes ya viven allí. La tecnología puede quitar trabajo repetitivo; no puede sustituir la responsabilidad de una comunidad.
Soy de los que se quedan hablando de tecnología cuando todos se han ido. Me gusta programar, entrenar y pasar tiempo con mis amigos. Quiero que esas cosas quepan en una misma vida.
Cuando descubrí el solarpunk, me hizo pensar en algo muy concreto: un taller abierto, una conexión que funcione, naturaleza cerca y vecinos con los que contar. Empecé a preguntarme qué haría falta para llevarlo a un pueblo español.
Una arquitecta puede descubrir si esa casa tiene arreglo. Un electricista, devolverle la luz. Una enfermera, ayudar a estudiar las necesidades de atención. Quien lleva toda la vida allí sabe por qué el huerto se riega a esa hora.
Raíz Viva busca juntar esas capacidades. Personas cualificadas, gente de oficio y vecinos que quieran trabajar juntos. Si el espacio que necesitamos no aparece, podemos empezar a crearlo.
Si no hay sitio para nosotros,
hacemos sitio juntos.
La presión de la vivienda y el alquiler es real, pero mudarse a un pueblo no la resuelve automáticamente: habría que comprobar precios, estado, titularidad, ingresos y servicios. Leer el contexto ↗

Ves una noticia sobre despidos. Detrás de cada puesto hay alguien haciendo cuentas para llegar a fin de mes, una familia, una responsabilidad que mañana seguirá ahí. A mí, que me apasiona la tecnología, eso me obliga a preguntarme para quién estamos construyendo.
Pienso en ella como en el dinero: lo decisivo es quién la usa y para qué. Quiero poner lo que sé al servicio de una vida que merezca la pena.
Un sensor puede orientar el riego. Un robot puede llevar las cajas que antes cargaba una persona. Una herramienta de gestión puede ahorrar horas de papeleo al taller. Alguien tiene que instalarlo, enseñar a usarlo y repararlo. Ahí entran nuestros conocimientos.
Si ahorramos trabajo,
¿qué hacemos con el tiempo que recuperamos?
04 / EL LUGAR
En algunos queda una familia; en otros, una sola persona. Hay casas vacías, talleres cerrados y tierras que todavía pueden producir. Eso no es una postal triste: es una oportunidad que exige método, inversión y compromiso.
Es escoger un lugar donde podamos aportar conocimiento y recibir algo que la ciudad no siempre puede dar: espacio, vínculos y tiempo. No todos los pueblos encajan; estudiaríamos transporte, sanidad, escuela, internet, vivienda y empleo antes de decidir.
Los vecinos no son figurantes. Ellos conocen el terreno, los problemas y las soluciones que ya han probado. Nosotros podemos sumar capacidades, ingresos y nuevas herramientas. La repoblación solo funciona si ambas partes ganan vida.
Hay pueblos próximos a ciudades. Daroca, por ejemplo, aparece a alrededor de una hora de Zaragoza. Es un punto de partida para investigar, no una promesa: comprobaríamos trayectos, transporte y costes reales.
La referencia de proximidad ↗Si puedes teletrabajar, tu empleo podría acompañarte. También estudiaríamos trabajo cercano, servicios profesionales y clientes locales. Primero se comprueban conexión, horarios e ingresos. El wifi necesita una red fiable y el trabajo, acuerdos claros.
Consultar cobertura por ubicación ↗Viviendas vacías, talleres, huertos y recursos. Cada uno tiene propietario, permisos, costes y límites. La oportunidad empieza cuando dejamos de imaginar en abstracto y hacemos las cuentas.
Lo que enseña la vivienda rural ↗No queremos escapar de la vida. Queremos recuperar el espacio para vivirla.
VALE. AHORA IMAGÍNATE ALLÍ.
Un martes, con trabajo que entregar, comida que preparar y una factura que pagar. Es ahí donde esta idea tiene que funcionar.
Así podría ser tu día ↓
05 / EL DÍA A DÍA
Hay una entrega pendiente y ropa por tender. También un huerto al salir y alguien que te pregunta si bajas a la plaza. Imagina poder encajar todo eso en el mismo día.
Una mesa, internet y una videollamada con tu equipo. Cerca, alguien repara una bicicleta en el taller. Distintos oficios, una plaza a la que volver cuando terminas.
Sensores para orientar el riego por goteo. Un dron para observar el cultivo donde su uso sea viable y esté autorizado. Maquinaria y robótica para transportar o repetir tareas. Elegimos solo lo que funciona, se puede reparar y devuelve tiempo. Tecnología agrícola actual ↗
Paneles solares y, si el estudio lo permite, energía compartida. Agricultura que cuide agua y suelo. Si criamos ganado, su bienestar será un compromiso: espacio adecuado, atención veterinaria y cargas compatibles con el terreno. Comunidades energéticas ↗
Niños jugando, una mesa que se alarga, un vecino que necesita una mano. Yo quiero cuidar caballos, entrenar y seguir programando. Tú podrás querer otra cosa. Compartir un lugar no significa vivir todos igual.
06 / TRABAJO E INGRESOS
Es la pregunta que haría yo. Tu sueldo, tus clientes y tus gastos tienen que encajar antes de mudarte. La propuesta empieza por poner esas cuentas sobre la mesa.
Teletrabajo, empleo cercano, servicios profesionales, reparación, cuidados o producción agrícola. Cada actividad necesita demanda y una remuneración que permita vivir.
Un taller, compras conjuntas, transporte o energía. Acordaríamos aportaciones, uso y mantenimiento. Compartir puede ayudar; no significa que todo sea gratis.
Si decidimos crear proyectos colectivos, pactaríamos cómo repartir ingresos y sostener mejoras comunes. Cuentas abiertas, responsabilidades claras y asesoramiento antes de elegir una forma jurídica.
Autosuficiencia, como dirección. No como condición de entrada. Producir parte de nuestros alimentos y energía puede darnos autonomía. Seguiremos necesitando proveedores, sanidad, impuestos, clientes e instituciones. Construir una alternativa no nos coloca fuera de la sociedad.
Hay precedentes de organización económica: desde la experiencia cooperativa de MONDRAGON hasta iniciativas como Holapueblo, que comunicó 58 negocios creados de forma acumulada hasta su V edición. Podemos aprender de ellos sin atribuirnos sus resultados.
07 / QUIÉN HACE FALTA
Igual acabas de graduarte. Igual llevas veinte años arreglando lo que otros dan por perdido. Buscamos conocimiento, oficio y gente que cumpla. Aquí tienes cuatro formas de reconocerte.
Diagnosticar viviendas, diseñar instalaciones, levantar un taller. Mecánicos, electricistas, albañiles y carpinteros: saber reparar importa tanto como saber proyectar.
Pensar una comunidad donde niños, mayores y animales reciban cuidados. Los servicios profesionales necesitan habilitación, recursos y coordinación; no se improvisan con voluntariado.
Unir conocimiento del campo con herramientas útiles. Una persona recién titulada puede aprender de quien lleva décadas trabajando la tierra. Y también aportar algo nuevo.
Cuentas, comunicación, cocina, logística, mediación. No hace falta un título para formar parte. Hace falta respeto, ganas de aprender y responsabilidad por lo compartido.
No es una oferta de empleo ni una promesa de vivienda. Es una invitación a estudiar y construir el proyecto juntos, con los vecinos de siempre y con quien quiera sumar, venga de donde venga.
Soy inmigrante. Sé lo que implica buscar tu sitio. Me gustaría que el lugar del que vienes importara menos que cómo tratas a quien tienes al lado.
Habrá una obra que se retrase, una herramienta que falle y un acuerdo que cueste. Necesitaremos ingresos, atención sanitaria, escuela y transporte. La distancia a urgencias se comprueba antes de elegir casa.
Hacen falta agallas para empezar.
Y acuerdos para poder quedarse.
Por eso propongo probar en pequeño. Con cuentas claras, espacio para disentir y libertad para marcharse si no encaja. Nadie debería tener que apostarlo todo para averiguar si puede vivir de otra manera.
Lo que me ilusiona es que nuestros hijos puedan vernos construir algo juntos. Podemos empezar por una colaboración que esté a nuestro alcance.
09 / POR DÓNDE EMPEZAR
Hoy Raíz Viva es una propuesta abierta. No hay un pueblo elegido, viviendas reservadas ni empleos garantizados. Primero reunimos capacidades; después estudiamos un lugar y hacemos las cuentas.
Compartir qué sabemos hacer, qué necesitamos para vivir y cuánto tiempo podemos aportar. También desde la ciudad, sin cambiar de empleo.
Hablar con vecinos y ayuntamientos. Visitar viviendas con profesionales. Comprobar conexión, agua, escuela, atención sanitaria y trayectos reales.
Presupuestar entrada y gastos mensuales, validar ingresos y pactar propiedad, decisiones, cuidados y salida. No comprometer dinero sin revisar los riesgos.
Ensayar una colaboración acotada y evaluar cómo trabajamos juntos. Ampliar solo cuando haya vivienda habitable, ingresos y acuerdos que funcionen.
PUEDES EMPEZAR SIN MUDARTE
«Sé hacer esto. Puedo aportar este tiempo. Para vivir allí, necesitaría resolver esto otro». Esa conversación ya sería un comienzo.
Puedes investigar, programar, revisar cuentas o ayudar a organizar desde donde vives. Las misiones remotas son propuestas para empezar a colaborar cuando formemos el grupo.
No. Esta web no acepta aportaciones ni reserva viviendas. Primero habría que elegir un lugar, revisar titularidad y costes, y acordar por escrito las responsabilidades.
Revisaríamos servicios, horarios, transporte y atención de urgencias con los profesionales y el municipio. Un pueblo no garantiza ausencia de delitos o conflictos: necesitamos derechos claros, acuerdos de convivencia y formas de resolver desacuerdos.
EL SIGUIENTE CAPÍTULO NO PUEDO ESCRIBIRLO SOLO
Yo sé programar. Tú puedes saber rehabilitar una casa, cuidar a alguien, cultivar o poner orden en unas cuentas. Si esto te ha hecho pensar «yo podría aportar», ya tenemos algo por lo que empezar.
Invitación pendiente. Aún no se recogen inscripciones en esta web.Ver las primeras propuestas de colaboración →